El
18 A me manifesté diciendo que me resulta difícil comprender ciertas
actitudes de mis conciudadanos. Hoy estoy, además, profundamente triste,
porque las situaciones que se van dando y el cinismo de ciertos
dirigentes me colma.
Algunos de ustedes quizá me conocen, soy médica
psiquiatra, trabajé durante 15 años en el Hospital Borda y cursé mi
especialidad y me recibí durante la última dictadura militar, en
consecuencia, conozco de represión y de sufrimiento psíquico.
No
podré borrar nunca de mi memoria las imágenes del día viernes en el Hospital
Borda. Sobre todo la de un joven paciente que estaba arrodillado en el
pasto, hamacando su cuerpo con actitud ausente, ¿monologando?,
desconectado del exterior, deshojando una rama de árbol caída, mientras a
su alrededor se libraban hechos de una agresividad aberrante e
injustificada, y todos pasaban a su lado sin reparar en él, que
intentaba, con los mecanismos psíquicos a su alcance, refugiarse en un
autismo. ¿Quién va a pagar por su sufrimiento?
Como integrante de la
comunidad de la CABA, del Frente de Mujeres K y alumna universitaria de
posgrado, propongo la adhesión de la Comunidad Universitaria al repudio
a estos actos que distan mucho de la defensa de las instituciones que
dicen sostener los que los realizan.
Pongan atención que hubo
médicos, psicólogos, pacientes, enfermeros y otros trabajadores
damnificados en este aberrante accionar de las fuerzas de choque de Mauricio
Macri y NI LOS DIRECTIVOS DEL HOSPITAL, NI LA ASOCIACIÓN DE
PROFESIONALES, NI LA ASOCIACION DE MEDICOS MUNICIPALES, NI LOS OTROS DOS
SINDICATOS QUE ACTUAN EN EL BORDA APARECIERON EN DECLARACIONES DE
REPUDIO AL ACCIONAR DE AYER. SOLO ATE SALIO EN DEFENSA DEL HOSPITAL.
Es vergonzozo, hay un interventor/Director, puesto por el GCBA, que esta al frente del Borda, que yo sepa, no es mudo.
Lo de ayer fue vergonzozo, aberrante, desmedido, alucinante y todos los
calificativos negativos que se les ocurran, pero es también el
resultado de acuerdos entre pares a los que les interesa sólo cuidar el
puestito que les da poder y no el hospital público, ni los pacientes, ni
su personal.
No debería llamarnos la atención, porque es coherente
con el accionar de dejar sin gas durante un año a los pacientes del
Borda, con “achicar” lentamente la cantidad de internados, no por
aplicación de la ley de Salud Mental que promueve la utilización de la
internación de los pacientes psiquiátricos sólo como recurso extremo y
de corto plazo, sino porque también están tercerizando las prestaciones y
son derivados a clínicas privadas que financiamos con nuestros
impuestos. Ya lo hicieron en el Moyano en años anteriores.
Las
fuerzas policiales de la Metropolitana que se podían ver ayer en el
Borda, por su número, su vestimenta, sus pertrechos, sus armas, sus
escudos, y, esencialmente por sus conductas: eran fuerzas de choque,
dignas representantes de los peores tiempos de nuestra historia.
Se
veia claramente cómo sus integrantes amenazaban a los que se les
oponían, escudados detrás de la valla humana que armaron sus propias
fuerzas; la forma en que entre cuatro o cinco policías llevaban a un
hombre sujetado con las manos hacia atrás, y, gratuitamente, utilizando
maniobras específicas lo tiraron de cara al suelo, le trabaron las
rodillas flexionadas con el peso de un hombre de la fuerza policial, y
le colocaron las esposas. Son métodos que observé en otros cuerpos de
elite que actúan en casos de excepción por orden judicial expresa. Esto
es lo que se vio, porque después eran tantos los que estaban sobre él
que ya no se podía apreciar su accionar.
¿Estos eran los “efectivos que fueron a custodiar a los obreros de la empresa que tenia que hacer un trabajo en el Borda”?
Si no fuera tan triste, si no fuera que durante todo el día y anoche me
la pasé llorando cuando tenía oportunidad de conectarme con la radio o
la TV, daría hasta para sonreír, semejante desparpajo de justificar el
accionar, en las lamentables conferencias de prensa de ayer de la
vicejefa Alonso, Montenegro, Rodríguez Larreta, y finalmente Mauricio
Macri que estuvo “escondido” todo el día y apareció a última hora con un
discurso de señora gorda, de queja por la “violencia ejercida por los
grupos revoltosos” (los obreros, profesionales, enfermeros, pacientes,
talleristas, legisladores), le faltaba el delantal de cocina levantado
en la mano para ser un comentario digno de Gasalla: “¡no sé qué vamos a
hacer con esta gente que es tan violenta!”
¿SIEMPRE SON LOS OTROS? Según sus carteles, nosotros estamos en todo; ¿dónde está él? en el papel de víctima.
En realidad, las víctimas somos nosotros. De su política, de su impunidad, de sus negociados.
Marta Masio
